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  • Lograr los sueños. Saber quienes somos

    "La verdad es difícil vivir sin saber quienes somos en realidad y que hacemos aquí.
    Pues creo que antes de lanzarnos a la conquista de nuestro sueño debemos saber cual es, y antes de ser disciplinados, debemos estar conscientes que la disciplina es algo que debe nacer de sí mismo y que la gran problemática del hombre para no lograr sus objetivos es no saber cuales son. Para lograrlos, sólo se necesita vencernos a nosotros mismos y enfrentarnos a nuestra realidad."

    José Angel Mendiola Rodríguez

  • La muerte es una amiga

    La muerte es una amiga. Nos recuerda que la vida es corta y nos invita a vivir a fondo, porque nuestro paso por el mundo es fugaz y sólo tenemos una oportunidad.
    Entonces, pensar en la muerte es pensar en la vida. Para vivir bien, con mucho gusto y con sentido.

    (Esto se dijo en 3° B. Jueves 26 de enero de 2006)

  • Filosofía es la búsqueda de la felicidad y dudar de lo que otros creen

    "Yo estoy de acuerdo con Epicuro y con Sócrates. Para mí la filosofía es la búsqueda de la felicidad, pero para encontrar la felicidad hay que conocerse primero a sí mismo" (Gloria).
    "Filosofía es dudar de lo que otros creen" (Miguel Ángel)

    Miércoles, 25 de enero de 2006

  • Se dijo en tercero B

    Filosofía es un encuentro con nosotros mismos, para pensar cómo vivir mejor.

    Miércoles, 25 de junio de 2006

  • Se dijo en clases. 3° B

    "Veo mala disposición en el grupo. ¿Por qué actuamos con esa mentalidad de niños inmaduros?... No entiendo mi mundo o el mundo no nos entiende (Maribel)
    Preguntas de algunos chavos: ¿Por qué hay gente desgraciada y canija? ¿Por qué existo? ¿Existo porque siento que existo? ¿Quién me asegura si es cierto o no es cierto lo que pienso? ¿Estamos sólo llenando un hueco o estamos encontrando lo que nos gusta?

    Lunes 23 de enero de 2006

  • Lo oí en clases. 3° A

    "Los jóvenes pocas veces nos ponemos a pensar y es necesario hacerlo para pensar por nosotros mismos y formarnos nuestro propio criterio" (Judith Celene)
    "Los jóvenes sí piensan, pero le dan más importancia al relajo, creen que eso es lo más normal siendo joven (Chelo)
    "Todo tiene su tiempo; es bueno hacer un poquito de todo" (Karina)
    "El joven se interesa por lo que le gusta y no por lo que tiene que hacer" (Alma Raquel)
    "Los jóvenes nos equivocamos seguido porque apenas empezamos a pensar. Cuando se tiene más experiencia sé es más sabio" (No anoté quien dijo esto. Favor de recordármelo)

  • Las verdades de la razón

    Las verdades de la razón*

    Fernando Savater

    Todos tenemos muchas preguntas sobre la vida. Pero hay una pregunta previa, fundamental: ¿cómo contestaré a las preguntas que la vida me sugiere? Y si puedo responderlas convincentemente, ¿cómo puedo contestarlas mejor? A veces entender mejor lo que uno pregunta es ya casi una respuesta. Pregunto lo que no sé. Por eso la primer pregunta es: ¿cómo llegaré a saber lo que no sé? O quizá: ¿cómo puedo saber qué es lo que quiero saber?, ¿qué busco preguntando?, ¿de dónde puede venir una respuesta más o menos razonable?
    Para empezar, la pregunta nunca puede nacer de la ignorancia. Pregunto desde lo que sé o creo saber, porque me parece insuficiente o dudoso. Entonces, debo empezar por someter a examen los conocimientos que creo tener y para eso les hago otras tres preguntas:
    a) ¿cómo los he obtenido? ¿cómo he llegado a saber lo que sé o creo saber?
    b) ¿hasta qué punto estoy seguro de ellos?
    c) ¿Cómo puedo mejorar lo que sé?
    Hay cosas que sé porque me las han dicho otros. Por ejemplo, un amigo muy enamorado me reveló en la adolescencia que cuando te acercas a dos chicas, hay que hablar primero con la más fea para que la guapa se vaya fijando en ti. La mayoría de mis conocimientos provienen de lo que los demás me han dicho.
    Hay cosas que és porque las he estudiado. Las capitales de los estados, la composición química del agua, buenas noches en inglés. Lástima que no he sido más estudioso, porque podría haber aprendido más por el mismo método.
    También sé cosas por experiencia propia. Sé lo que es dolor, el calor, el hambre, el frío, la sed, el placer de un beso. La experiencia me ha enseñado que puedo sentir, padecer, gozar, sufrir, dormir y tal vez soñar.
    Ahora bien, ¿hasta qué punto estoy seguro de cada una de las cosas que sé? Pensándolo bien, cualquiera de ellas puede suscitarme dudas. No es prudente creerme algo sólo porque otros me lo han dicho. Basta con ver los periódicos para notar lo mucho que se contradicen entre ellos; ¿a cuál periódico o noticiero le hago caso?. De la ciencia igual. Lo que antes se creía cierto, con el paso del tiempo se ha demostrado que ese conocimiento no era cierto. ¿Quién puede asegurarme que lo que es tenido por verdad mañana sea descartado?
    ¿Esto quiere decir que nunca debo confiar en lo que me dicen, en lo que dicen las noticias, en lo que estudio o en lo que experimento? De ningún modo. Lo que aquí se trata de afirmar es que, de vez en cuando conviene revisar algunas cosas que creo saber, compararlas con otros de mis conocimientos, someterlas a examen crítico, debatirlas con otras personas que puedan ayudarme a entender mejor. En una palabra, buscar argumentos para asumirlas o refutarlas. A este ejercicio de buscar y valorar argumentos se le llama utilizar la razón.
    De modo que la razón no es algo que me cuentan los demás, ni el fruto de mis estudios o de mi experiencia, sino un modo de trabajar con la mente que utilizo para organizar las noticias que recibo, los estudios que realizo o las experiencias que tengo, aceptando unas cosas y descartando otras. El asunto es que mis ideas armonicen entre sí, que no haya tanto choque en las cosas que pienso. Otra cosa que debo armonizar es mi punto de vista, personal y subjetivo, con otro punto de vista más objetivo, que es el punto de vista desde el que cualquier ser humano puede considerar la realidad. Si una afirmación mía se basa en argumentos racionales, no pueden ser sólo racionales sólo para mí. A esto se llama la universalidad de la razón. La razón es universal porque todas las personas la poseen, incluso lo que la usan más mal (los tontos, pues) y también es universal porque la fuerza de los argumentos es comprensible para cualquiera, con tal de que se decida a seguir el método racional. De esta manera, la razón puede resolver muchos pleitos entre la gente.
    El objetivo del método racional es establecer la verdad, es decir, la mayor concordancia posible entre lo que pensamos y lo que efectivamente se da en la realidad de la que formamos parte. Lo expresó muy claro Antonio Machado:
    Tu verdad, no: la Verdad.
    Y ven conmigo a buscarla.
    La tuya, guárdatela.
    Buscar la verdad por medio del examen racional consiste en intentar aproximarse más a lo real: ser racionalmente veraces debería equivaler a llegar a ser lo más realistas posible. Así la razón nos sirve para examinar nuestros supuestos conocimientos, rescatar de ellos la parte que tengan de verdad y a partir de esa base tantear hacia nuevas verdades. Pero, ¿hasta dónde puede la razón llegar a la verdad? Abundan las personas que han puesto en duda lo razonable de la razón. Algunos son escépticos, y son aquellos que ponen en cuestión o niegan rotundamente la capacidad de la razón para establecer verdades concluyentes. Otros son relativistas, o sea, creen que no hay verdades absolutas sino sólo relativas según la etnia, el sexo, la posición social o los intereses de cada cual y que por tanto, ninguna forma universal de razón puede ser válido para todos. Hay también quienes se declaran partidarios de una forma de conocimiento superior, mucho más intuitiva o directa, que no deduce o concluye la verdad sino que la descubre por revelación o visión inmediata.
    Los escépticos plantean una cuestión inquietante: ¿cómo puede ser que conozcamos algo de la realidad, sea poco o mucho?, nosotros los humanos, con nuestras limitaciones sensoriales e intelectuales, ¿cómo podemos alcanzar lo que realidad verdaderamente es? Y bueno, somos capaces —al menos parcialmente— de comprender la realidad porque formamos parte de ella y estamos hechos de acuerdo a principios semejantes. Nuestros sentidos y nuestra mente son reales y por eso logran mejor o peor reflejar el resto de la realidad. Según Kant, lo que llamamos “conocimiento” es una combinación de cuanto aporta la realidad con las formas de nuestra sensibilidad y las categorías de nuestro entendimiento. Esto quiere decir que no conocemos la realidad pura sino sólo como es real para nosotros. Nuestro conocimiento puede ser verdadero y llega únicamente hasta donde lo permiten nuestras facultades.
    Por su parte, el relativismo pone en cuestión que seamos alguna vez capaces de alcanzar la verdad por medio de razonamientos, siendo que cada cultura tiene su lógica diferente y cada cual su forma de pensar intransferible. Por eso hay tantas verdades como culturas, como sexos, como clases sociales, como intereses... ¡como caracteres individuales!
    Con todo, el relativismo se equivoca al negar que hay verdades alcanzadas en base a ciertos criterios universales de razón: logros científicos, respuestas éticas que dan sentido a la vida de miles de millones de personas.
    Un filósofo contemporáneo, Karl Popper ha insistido que no existe ningún criterio para decir que se ha alcanzado la verdad. En este caso, lo único que está a nuestro alcance es descubrir los sucesivos errores que existen en nuestros planteamientos y purgarnos de ellos. Eso nos obliga a ser modestos: decir que algo “es verdad” significa que es “más verdad” que otras afirmaciones concurrentes sobre el mismo tema, aunque no represente la verdad absoluta.
    Quienes creen en el método de la intuición niega que la verdad sea producto del laborioso y vacilante método racional, ya que es una Verdad que nos revela, bien sea porque la descubran algunos maestros sobre humanos o porque se nos manifieste en alguna forma privilegiada de visión o porque sólo sea alcanzable a través de intuiciones no racionales, sentimientos, pasiones.
    La intuición vendría a ser un acceso a la verdad reservada a unos pocos que tienen el privilegio de revelaciones. En cambio, la razón está al alcance de todos, sólo pide ser usada. Y todo razonamiento es social porque se trata de hacer preguntas y dar respuestas en compañía de los demás. El origen de la razón es el diálogo. Razonar no es algo que se aprende en soledad, sino que se inventa al comunicarse y confrontarse con los semejantes: toda razón es fundamentalmente conversación. Y conversar no es lo mismo que escuchar sermones o aceptar palabras de mando. Sólo se conversa entre iguales. Nadie puede discutir con Hitler o con Pinochet ni nadie puede platicar abiertamente en una sociedad en la que existen desigualdades sociales inamovibles. Por ello, la costumbre filosófica de razonar nace en Grecia, en un ambiente de instituciones democráticas que permitían la igualdad y la libertad.
    De esta manera, la disposición a filosofar consiste en decidirse a tratar a los demás como si fueran también filósofos: ofreciéndoles razones, escuchando las suyas y construyendo la verdad, siempre en tela de juicio, partir de encuentro entre unas y otras.
    La democracia se basa en el supuesto de que no hay personas que nazcan para mandar ni otros nacen para obedecer, sino que todos nacemos con la capacidad de pensar y por tanto con el derecho político de intervenir en la gestión de la comunidad de la que formamos parte. Todos podemos ser políticamente iguales ejerciendo el derecho a pensar y a participar buscando la verdad. Y no todas las opiniones y participaciones tienen el mismo valor: valen las que tienen más argumentos y las que resisten la prueba de fuego de la realidad.
    En la sociedad democrática, las personas no deben encerrarse en sus opiniones, como si fueran propiedad que nadie merece arrebatarles. Ofrecemos nuestra opinión a los demás para que la debatan y la acepten o la refuten. La razón se ejerce mediante argumentos, los que damos y los que recibimos. Esto quiere decir que tenemos que desarrollar la capacidad de ser convencidos por las mejores razones, vengan de donde vengan. No basta ser racionales, hay que ser también razonables. Reconocer la verdad donde quiera que esté.
    En resumen, tenemos muchas fuentes de conocimiento, pero todas han de pasar la criba de la razón, que verifica, organiza y busca coherencia en lo que sabemos... aunque sea provisionalmente.

    * Resumen de Fernando Savater, Las preguntas de la vida, Ed. Ariel, México, 1999, pp. 47-68

  • Bienvenidos

    Estimados estudiantes:

    Bienvenidos a esta nueva forma de comunicación. Este será un lugar para compartir ideas, experiencias y aprender juntos. En lugar de dictar apuntes, mejor hagamos los apuntes: desde lo que somos, lo que pensamos y lo que nos pasa. El propósito es ayudarnos para sacar lo mejor de nosotros mismos.

    carpe diem (¡aprovecha el día!)

    Hugo

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